85 años: celebrar la memoria para transformar el futuro
A lo largo de este ciclo escolar vivimos un año excepcional. Para celebrar el 85 aniversario del Colegio Madrid, cada encuentro, cada ceremonia, cada proyecto y cada celebración fueron concebidos no como actos aislados, sino como parte de una misma reflexión: ¿qué significa hoy ser el Colegio Madrid?, ¿cómo honrar una historia nacida del exilio republicano español sin convertirla únicamente en un recuerdo?, ¿cómo hacer que esa memoria siga siendo una fuerza viva capaz de inspirar el presente y transformar el futuro?
Las celebraciones comenzaron con la puesta en escena de Leonardo, protagonizada por nuestro querido exalumno Rodrigo Murray. No pudo haber mejor punto de partida. A través de la figura de Leonardo da Vinci, la obra nos recordó que la educación nace de la curiosidad, de la creatividad, del deseo permanente de comprender el mundo y de la libertad para cuestionarlo. Son los mismos principios humanistas que han acompañado al Colegio Madrid desde su fundación y que continúan dando sentido a nuestro proyecto educativo.
Ese mismo espíritu estuvo presente en el Encuentro Pedagógico, donde docentes, especialistas e investigadores compartieron experiencias y reflexiones sobre los desafíos que enfrenta hoy la educación. Porque una escuela con historia no puede conformarse con preservar su legado; tiene la responsabilidad de seguir pensando, innovando y construyendo respuestas para las nuevas generaciones.
Otro de los momentos significativos fue la inauguración de la exposición Los rostros de Atabey, del artista cubano Roberto Fabelo, realizada en colaboración con el Centro Educativo Español de La Habana. La muestra nos permitió reafirmar los profundos vínculos culturales que unen a nuestras comunidades educativas y recordar que el arte continúa siendo un espacio privilegiado para el encuentro, el diálogo y la reflexión.
La conmemoración alcanzó uno de sus momentos más emotivos en la ceremonia realizada en la Sala Miguel Covarrubias, acompañados por la Orquesta y el Coro de Minería. Allí celebramos no solamente el paso del tiempo, sino la permanencia de un proyecto educativo que ha formado generaciones de personas críticas, solidarias, libres y comprometidas con la sociedad.
En esa misma ceremonia se presentó el documental conmemorativo de los 85 años, construido gracias a la generosidad de nuestro exalumno Rodrigo Murray y de Antonio Rosique, de las alumnas y alumnos participantes y de todas las personas que hicieron posible recuperar la memoria viva del Colegio a través de las voces de quienes lo han construido durante generaciones.
Pero quizá una de las mayores riquezas de esta conmemoración fue que no quedó reservada para unos cuantos actos solemnes. La historia del Colegio se escribió también en los patios, en las aulas y en los espacios cotidianos.
Toda la comunidad estudiantil participó en la elaboración del mural Somos Bosque, una obra colectiva que representa la diversidad, la vida compartida y el crecimiento conjunto. Y del mural Somos Memoria, realizado por nuestras colaboradoras y colaboradores, quienes plasmaron en él la historia cotidiana de quienes, desde su trabajo muchas veces silencioso, han sostenido al Colegio Madrid durante estos 85 años.
Como símbolo de nuestros orígenes y de la esperanza puesta en el porvenir, plantamos un olivo. Un árbol profundamente ligado a la memoria del exilio republicano español que dio origen a nuestra institución y que hoy continúa creciendo como crecen nuestras generaciones: con raíces firmes y ramas abiertas hacia el futuro.
Como evidencia de lo que hoy somos, enterramos una cápsula del tiempo, construida con objetos, mensajes y recuerdos aportados por alumnas, alumnos, familias, docentes y colaboradores. Un diálogo entre quienes hoy habitamos el Colegio y quienes algún día descubrirán cómo era nuestra comunidad en este momento de su historia.
La celebración culminó el día del aniversario con toda la comunidad reunida en la explanada para cantar las mañanitas, compartir el pastel y celebrar aquello que mejor define al Colegio Madrid: la alegría de encontrarnos.
El cierre del ciclo escolar añadió un significado aún más profundo a esta conmemoración. Despedimos a una nueva generación de egresadas y egresados de bachillerato, quienes concluyen una etapa llevando consigo mucho más que conocimientos: se llevan una forma de mirar el mundo, de pensar críticamente, de actuar con responsabilidad y de comprometerse con los demás.
Ese mismo día, el Estado español otorgó una condecoración a la Dirección General del Colegio. Un reconocimiento recibido con enorme gratitud, pero entendido, sobre todo, como un homenaje a una historia colectiva. Porque esa distinción reconoce la extraordinaria labor educativa que el Colegio Madrid ha desarrollado durante 85 años y la trascendencia que el legado del exilio republicano español ha tenido para la educación mexicana.
Al mirar hacia atrás descubrimos que estos 85 años están hechos de miles de historias personales. De alumnas y alumnos que crecieron entre estas aulas; de docentes que entregaron aquí su vocación; de familias que depositaron su confianza en nuestro proyecto; de colaboradoras y colaboradores que han cuidado cada rincón del Colegio; de exalumnas y exalumnos que siguen sintiendo este lugar como su casa.
Pero la memoria no existe para permanecer inmóvil.
Existe para recordarnos quiénes somos y para inspirarnos a seguir construyendo.
Hoy, como hace 85 años, seguimos creyendo que educar significa formar personas libres, críticas, solidarias y profundamente humanas. Seguimos creyendo que la democracia se aprende viviéndola, que el conocimiento debe ponerse al servicio de la justicia y que la escuela tiene la responsabilidad de contribuir a un mundo mejor.
Por eso, más que celebrar un aniversario, este año renovamos un compromiso.
El compromiso de seguir haciendo del Colegio Madrid un espacio donde la memoria se convierte en esperanza y donde cada nueva generación encuentra las herramientas para transformar el futuro.
Porque 85 años no representan el final de una historia.
Son apenas el comienzo del siguiente capítulo.
Ana María Jiménez Aparicio
Directora General