El Madrid hoy. Evolución y fortalezas: Éste Colegio, entreteje relaciones tan estrechas y forma una comunidad tan fuerte, que logra sobrevivir a través de las tragedias.

El Madrid hoy. Evolución y fortalezas.

Emiliano Peña Ayala, alumno de la Generación 2015-2018, pronunció un discurso de los recuerdos ajenos y los recuerdos de nuestra niñez, donde enfatizó el carácter fundacional del colegio pero con ideas del presente, invitando a re pensar la historia hacia atrás y a pensar en la naturaleza del propio Colegio:

Año tras año nos reunimos en este colegio a conmemorar el aniversario de la Segunda República Española; año con año también, la distancia marcada por el tiempo nos separa cada vez más de ese punto de partida. Esa distancia, para algunos, puede derivar en una búsqueda de sentido, y es que, para muchos, no es evidente lo que hacemos aquí sobre todo porque después de setenta y siete años de Colegio, una gran porción de nosotros ya no es descendiente del exilio español.

            Hoy hay que empezar a contar la historia del presente hacia atrás: este año es especial; en general, fue un año sui generis. A inicios de curso, nos vimos afectados por un suceso intempestivo; cuando sonó la alerta sísmica, ya era muy tarde. Esta historia nos la sabemos de pies a cabeza, no porque nos la contaran, como pasa con la historia de la república, sino porque la vivimos nosotros. Nosotros, ajenos a las historias del 85, sentimos, escuchamos, y vimos el temblor. Y lo que vivimos apenas empezó con el movimiento telúrico: las semanas subsecuentes fueron agotadoras, incluso devastadoras. No obstante, además de la tragedia, vivimos también a la comunidad; es ahí, en la comunidad, donde encuentro un paralelismo -que es todo menos fortuito- con la historia de la Segunda República, o con la postura del Cardenismo para con los exiliados.

            En su momento, la República Española también experimentó una catástrofe, aunque ésta no fue natural, sino que la generó el ser humano. La República -que era un oasis de desarrollo cultural, de políticas de avanzada a comparación de lo que España había sido en los años, o siglos, anteriores- en un momento de inestabilidad política, se vio amenazada por Franco y el falangismo… El franquismo se mantuvo a través de la represión: sólo un modelo era admisible: el hombre católico y conservador, de habla castellana. Toda alternativa era digna de represión… La llegada del franquismo fue tan intrusiva, violenta, represiva y elitista que, podríamos decir, fue la llegada de la anticomunidad.

            Mientras tanto, en México se vivía en un clima político muy particular: el gobierno de Lázaro Cárdenas, que adoptaba aspectos del modelo socialista, que impulsó a las instituciones como organismos que apoyasen a todo mexicano y no sólo a una cúpula privilegiada, que vio por eso: por la comunidad en vez de la minoría bien posicionada. Llegó el exilio republicano a México, y a su llegada encontró, si no bien la casa, si no la familia o la patria -cosas que algunos nunca volvieron a encontrar- sí encontró la comunidad, la cohesión, la libertad perdida; el español exiliado encontró en México la posibilidad de seguir viviendo, en todo el sentido de la palabra.

            A mí me resulta imposible no regresar a los momentos inmediatamente posteriores al temblor después haber dicho lo anterior… Todos nos sabíamos parte del Colegio. Quienes lloraron, encontraron un hombro; para quienes tuvieran sed o hambre, alguien hubo que se encargó de buscar agua y comida; a los más chicos, alguien se encargó de mantenerlos bajo la sombra… Si bien la comunidad que es este Colegio la hacemos en nuestro día a día, es en momentos como aquél que nos aseguramos de que esa comunidad existe, y no sólo eso, sino también de lo fuerte que es.

            Éste Colegio, entreteje relaciones tan estrechas y forma una comunidad tan fuerte, que logra sobrevivir a través de las tragedias. Sería ingenuo pensar que en el Colegio no se cometen errores, o que todos vivimos felices, o que estamos de acuerdo con todos todo el tiempo. Por supuesto que no; en el Colegio se cometen -y se cometerán- errores, habrá momentos de profundo desacuerdo e incluso enojo, pero eso hay que reconocerlo, sobre todo en días como hoy, porque nosotros, a diferencia de la mayoría del país, construimos a través de esos errores, discusiones y desacuerdos.

            Hoy es un día que nos sirve para recordar el por qué podemos llamar a nuestros maestros por su nombre, el por qué no rezamos entre clases, el por qué es tan importante que no nos quedemos callados cuando vemos que se comete una injusticia dentro o fuera del Colegio, el por qué podemos -y debemos siempre- acercarnos a manifestar nuestras inconformidades; recordamos por qué respetar nuestras diferencias, por qué nos es inevitable reconocernos en el otro. Hoy no sólo venimos a repetir la historia y el origen del Colegio ni a hablar maravillas de él. Más bien venimos a replantearnos la naturaleza de éste y a recordar que todos nosotros somos parte de una comunidad de la que somos responsables de reproducir, que nos acoge y acogerá siempre. Recordar de dónde venimos nos ayuda a saber quiénes somos… La idea de que venimos a celebrarnos como descendientes del exilio es errónea; venimos a celebrarnos como herederos de sus ideas, y como herederos tenemos una responsabilidad muy grande: no dejar nunca que los valores que mantienen erigida a esta comunidad se pierdan, y reproducirlos siempre a la primera oportunidad que se nos presente.

  ¡Madrid bien, siempre bien!
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